Ayer
compré un terno nuevo.
Pagué por él
más de mil sucres.
Contento,
orgulloso,
salí a lucirlo.
Se me acercó un niño
mendigando
con la mano extendido.
Dejé en su palma
veinte centavos.
Francisco Pérez Febres-Cordero
guayaquileño; 1934 - 2010