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Las cadenas de amor

Las cadenas que formastes
para aprisionarme a mí
fueron falsas y se arrancaron;
sólo ingratitudes vi.

Sólo ingratitudes vi,
pero no tuve escarmiento,
porque no he podido nunca
borrarte del pensamiento.

Borrarte del pensamiento
para mí ha sido imposible
porque puse tu retrato
en mi corazón sensible.

En mi corazón sensible
ha nacido la firmeza,
pero soy menospreciado
porque no creen mis promesas.

Porque no creen mis promesas
menosprecian mis amores;
estaré ni el chupaflor
chupando las frescas flores.

Chupando las frescas flores
gustando de sus mielcitas
y ver cual tiene el sabor
del dulce de tu boquita.

Del dulce de tu boquita
que me ha sido empalagoso
con tu falso corazón
mi amor se encuentra quejoso.

Mi amor se encuentra quejoso
después de amarte tan ciego,
la culpa la tienen mis ojo'
de haber encendido el fuego.

De haber encendido el fuego
en una tierra mojada
como el agua se resume,
se vino a quedar en nada.

Se vino a quedar en nada
mis angustias i mis andanzas;
tengo visto uno matita
de la flor de la esperanza.

De la flor de la esperanza
estoy sembrando mi jardín,
para coronar a otra
como un bello serafín.

Pedro Florentino Valdez Alcivar
«El poeta de la montaña»

Soleá con amorfino a la comisión de tránsito

Son atorrantes sin cara
estos ruines vigilantes
malditos. ¡No se aguantan!

No se aguanta en ningn la'o
carroñean hasta en pascuas
y les he dado pa'l pavo.

Para el pavo la platita
pero estos caníbales
ni siquiera nos invitan. 

Inviten, no sean malos,
yo quiero ver bien es cómo
¡un buitre come un pavo!

En vuelo, 23 de abril

Jorge Luis Pérez
guayaquileño; 1934 -

Fortunado Quijije y Vicenta Gonzabay

¡Escrito en auténtico amorfino!

A manera de prefacio:

Son Fortunato Quijije
y Vicenta Gonzabay
dos montubios muy jachudos:
¡difíciles de domar!

Difíciles de domar,
como chúcaros potrillos;
por su carácter jodidos
y revesados criterios.

Sus revesados criterios
jamás se pondrán de acuerdo…
¡Siempre se oirá el revuelo
de su activo griterío!

Así es, su activo griterío:
«Soy montubio correcto
de la cabeza al tobillo»,
dirá siempre Fortunato.

Dirá siempre Fortunato…
Mientras ella le responde:
Mi nombre es Vicenta,
mi apellido, Gonzabay
de esas mujeres bien hechas
¡como ahora no las hay!

¡Como ahora no las hay!…
¡No entrarás otra como
yo, pedazo de pelmazo,
¡que te acoja en sus brazos!

Poema

Es Fortunato Quijije
el marido de Vicenta,
¡un machista insufrible…
y eso a ella la revienta!

Eso a ella la revienta;
garañón, como él sólo…
¡Por toitito el recinto
por otras cuelga la jeta!

Por otras cuelga la jeta
sin respetar lo prohibido…
Mientras a la pobre Vicenta
se le amarga la vida.

Se le amarga la vida
ver bacilar: «a compadres»…
sin que haya, para ella,
del compadre: «¡algún detalle!»

Del compadre algún detalle…
es mandarla a cocinar,
lavar, planchar, tendalear,
y… sacudir el petate.

Y sacudir el petate
para dormir como chancho
en poza, después del chance
que, en Tres Postes se lanzó;

Que en Tres Postes se lanzó
con doña Targelia Engracia;
y Vicenta descubrío…
¡cuando él, papaya dio!

Papaya dio, Fortunato,
por ser muy desvergonzado:
¡En ese pueblo montubio
el matrimonio es sagrado!

El matrimonio es sagrado…
Y a Vicenta le contaron
–sus agnados y cognados–
que ¡la testa le adornaron!

Que la testa le adornaran
a ella le encabritó:
¡montó en desquiciada cólera,
y a Fortunato botó!

A Fortunato botó
de sus brazos y petate;
¡reniega él del instante
que le puso cornamenta!

Que le puso la cornamenta
a su abnegada esposa;
sin medir las consecuencias
de su acción libidinosa.

A esa acción libidinosa
ella le responde hiriente:
¡con mi pinta me consigo
dos maridos de a veinte!

Dos maridos de a veinte:
¡joven, hermosos y guapos!
¡No como este mequetrefe
con cara de gusarapo!

Detrás de ti, gusarapo
siempre estuvo esta mujer;
por eso, estos pejepalos
sin nosotras no son naiden;

Sin nosotras no son naiden…
¡Arroz viejo!: las garrapatas
te sacan sangre y plata
hasta dejarte en pellejos.

Hasta dejarte en pellejos…
¡yo no soy esa mujer
de las que a ti te gustan,
y a mí desde hoy no vas a joder!

No me vuelves a joder,
porque hoy te dejo, maldito:
¡Verás dónde ir a meterlo…
cuando se te engolfe el pito!

Cuando se te engolfe el pito
entonces valorarás
¡para qué sirve mi potito!;
así aprenderás, por chueco,
a ser cangrejo se un sólo hueco!
¡Maldito machista a ultranzas!

15 de agosto de 2010

Miguel Ortega Calderón
guayaquileño; 1943

Didáctica del amorfino

Rubén Darío Zambrano Choez,
es trovador a la antigua:
¡recita el verso con alma;
eso el pueblo lo atestigua!

El pueblo eso atestigua
en la esquina «en» que trabaja,
o en la finca de sus padres,
donde con las coplas se faja.

Donde con las coplas se faja
y también con unas décimas:
«lo que llaman, amorfino».
¡Siendo esto… costumbre pésima!

Siendo esta costumbre pésima
un horrendo desatino,
con que enseñan al revés:
¡a los viejos y a los niños!

A los viejos y a los niños,
quienes, deben aprender,
el «saber tradicional»
para «así» comprender.

Para poder comprender
la verdadera misión
de el verso de «amor»
dicho con «fina» intención.

Dicho con «fina» intención
para derretir de «amor»
al sujeto de sus: ¡afectos!…
Sus aberradas pasiones.

Con aberradas pasiones:
muchos avaros comercian
con el nombre de Eloy Alfaro,
y en su gula, lo arrastran;

y con su gula arrastran
otra vez, a don Eloy;
a Jota Jota y al Pasillo,
y: ¡al amorfino, hasta hoy!

Y al amorfino hasta hoy…
Sin que exista autoridad
que, a estos cuatro patrimonios
desde ¡ya!, hagan respetar.

Desde ¡ya! hagan respetar
de los fenicios rastreros
que, venden patria y banderas,
y, hasta la madre: ¡por dinero!

¡Y, hasta la madre, por dinero!
Su amigo y profesor,
Pepe Ortega Calderón,
le escribe este «amorfino»;

le dedico este amor fino
a Rubén Darío Zambrano
para que aprenda la técnica…
¡Y a los burricos de-sasne!…

Y… a los burricos de-sasne…
Con este ejemplo puntual.
Hasta otra oportunidad,
¡si al discípulo conviene!

Si al discípulo conviene
enseñar a respetar…
A aberrados avaros:
¡los emblemas patrimonial-es!

Durán, 12 de octubre de 2012

Miguel Ortega Calderón
guayaquileño; 1943

Celoso... El celeste cielo

Celoso… El celeste cielo
que hoy no lo miro constante;
¡cada vez que sueño siento:
soy, solamente, tu amante!

Soy solamente tu amante…
Porque tú así lo quieres;
pues mi voluntad, princesa:
¡como esposa te requiere!

Como esposa te requiere,
para así, perennemente
disfrutar los dos juntitos:
¡himeneos gratificantes!;

himeneos gratificantes,
que glorifiquen la unión
de nuestras almas y cuerpos
¡con la anuencia del señor!

Guayaquil, viernes 12 de abril de 2013

Miguel Ortega Calderón
guayaquileño; 1943

Amorfino desarrollado por el maestro Miguel Ortega Calderón a partir de la primera estrofa de Celoso el celeste cielo de Pérez Armijos.