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Amigos

Un amigo es un hermano
que no nació de mi padre;
se convirtió en el guardián,
en médico, confidente,
que nos contó sus secretos
y yo les conté los míos

El amigo no se olvida
de buenos y malos recuerdos
los guarda como un tesoro
para contarlos de viejo

Son el profesor que enseña
en la escuela de la vida
nos califica mostrando
lo que ha sufrido en silencio

No nos critican, envidian
la posición que tú tengas
y están listos a entregar
buenos y sabios consejos

Y son motivo de orgullo
cuando alguno haya triunfado
y nos emociona verlos
al formar una familia
son los hijos sus amigos
por eso los quieren tanto

Desde la cuna al sepulcro
nos mantenemos unidos
y ese lazo no se rompe
por lo que guarda el recuerdo

Tu amigo siempre

Hugo Hidalgo Páez
guayaquileño

Semblanza

Jorge Luis Pérez Armijos:
él nació en Guayaquil
y vino a empoderarse
de su ritmo y frenesí.

Pata caliente, el man;
de deambular trashumante…
Fue a estudiar a Madrid:
¡su triunfo fue rutilante!

Su flamante título, es:
Periodista y Publicista;
Comunicador Aüidio
Visual; todo un artista.'

El Relacionista Público,
y además, descollante
poeta: «Rimas sin sarcasmo»,
su poemario diletante;

señero ideario romántico
donde se da con ardor
y pasión dosificada…
a su eros… ¡sin candor!

Con emoción controlada…
¡cual corresponde al varón!
Con sueños y metas fijas
que, ¡lo harán triunfador!

En el ramo comercial
de su padre y bisabuelo,
antes de fundar: ¡hogar!
él afianzará el vuelo;

pisará bien en el suelo
que la «ruta» que lo lleve
hacia la meta soñadora…
¡del que ensueña, y, se atreve!

Miguel Ortega Calderón
guayaquileño; 1943

Solines

Compañero ausente por imperceptibles espacios;
camarada de hasta luegos sin despedida,
el agnado que regresó más rápido;
el alquimista de tiempos en risas.

El quimérico de la objetividad tras bastidores,
el viajero que viste a Montaña de luto,
cuando aquel huye a sus espaldas,
mientras ella pide que no se vaya,
¡no sin tomarse un último ron!
uno con sabor a madera y poeta,
mientras bailamos penas invisibles,
zumbando hielos en todas sus veredas.

Confesionario obligatorio de alguna lágrima,
institutor de las resacas curtidas
marinando jaquecas huyendo al día,
el mejor de mis amigos,
el relicario de sinvergüencerías,
el más sincero de mis críticos,
rapsoda y sabueso de mentiras.

El apellido hecho sinónimo de lealtad,
carajillo al son de una puta amanecida,
la tinta del tintero de esta sobria bohemia,
la prudencia de la bala lanzada y jamás perdida.

¿Te acuerdas que galopamos las de Caín?
yo recuerdo el consuelo perpetuo de tu abrazo
¿te acuerdas que fuimos y somos nuestro Abel?
recuerdo que esta vida te bautizó como mi hermano.

César Poveda
guayaquileño; 1987 -

A Carmen

Remitiéndole un jazmín del Cabo

Menos bella que tú, Carmela mía,
vaya esa flor a ornar tu cabellera;
yo misma la he cogido en la pradera
y cariñosa mi alma te la envía.
Cuando seca y marchita caiga un día
no la arrojes, por Dios, a la ribera;
guárdala cual memoria lisonjera
de la dulce amistad que nos unía.

Dolores Veintimilla de Galindo
quiteña; 1829-1857