Mi alma

A Conchita Osío de Bello

Mi alma es como un niño
que jamás aprendió cómo se crece.

Y vive en una infancia prolongada,
en un mundo privado, libre, agreste,
donde nadie persigue mariposas
para clavarlas luego entre alfileres
ni deshoja las flores y las guarda
en libros que no lee.
Allí se hacen castillos en el aire
desafiando la lógica y las leyes;
allí se hace volar a las cometas
tan sólo porque vuelen.
No hay armas, llanto o hambre
ni palabras que hieren.

Mi alma es como un niño
que jamás aprendió cómo se crece.

Por eso, si se asoma
a nuestro lado a veces;
las pugnas que ocasionan las pasiones
ni siquiera comprende;
el odio, el sufrimiento,
el llanto, la estremecen.
Y al ver que el mundo que ha creado el hombre
es algo que no entiende,
vuelve a la fantasía
de su mundo privado, libre, agreste...
Y yo, que soy débil de carácter
la dejo que regrese
a sus versos, sus sueños y sus ansias.
¿Qué puedo conseguir con oponerme,
si mi alma es como un niño
que jamás aprendió cómo se crece?

5 de junio de 1969

Francisco Pérez Febres-Cordero
guayaquileño; 1934 - 2010