En la vida lo amargo con lo dulce
tomar debemos-- mas lo amargo siempre
tan mal sabor en nuestros labios deja
que lo dulce no sienten.
No hay rosa sin espinas-- y por una
rosa gentil que el corazón pretende,
un millar de agudísimas espinas
en seguida nos hiere.
Después del huracán viene la calma
--pero la fuerza con que aquél se cierne
tan al nos deja, que la calma nunca
aprovechar se pude.
No existe sobre el mundo mal que un siglo
espíritu o materia nos enferme
--y es fácil admitirlo, pues cien años
vive muy poca gente.
La vida es un tesoro que no encuentro;
el amor es un bien que mal viene.
Fe y Esperanza y Caridad son nada...
¡Mundo, Demonio, Carne, aquí me tienen!
1959
Francisco Pérez Febres-Cordero
guayaquileño; 1934 - 2010