I

Salgo a los campos
en primavera
a ver las flores,
a cuál más bella;
¡cómo perfuman
a la pradera!
¡Cómo engalanan
la grama fresca!
Me acerco a una
rosa que eleva
sus rojos pétalos
como una reina
para su aroma
gustar de cerca
y de repente
sale una abeja
que sin respeto
pica mi oreja.

En una noche
clara, serena,
a admirar salgo
la luna llena
y su cortejo
de mil estrellas.
¡Cuántos amantes
su luz contemplan
y por los parques
juntos pasean!
Y mientras miro
la luz incierta
de los luceros
y la serena
de aquella luna,
mi pie tropieza
y al duro suelo
voy de cabeza.

En la mañana,
cuando comienza
Febo a asomarse
sobre la tierra,
todos saludan
la aurora bella:
gorjeando alegres
ya se despiertan
las avecillas
y prestas vuelan;
los gallos cantan...
y me despiertan
y me levanto
con ligereza
y aves y gallos
desde la puerta
mato o espanto
con mi escopeta.

Salgo de casa
y con presteza
voy de visita
donde la bella
que su cariño
juró sincera;
ella es la única
que mi alma anhela;
no hay en el mundo
quien yo más quiera.
Así, contento
me voy a verla
y me recibe
ella en la puerta:
,,Quisiera --dice--
que ya no vuelvas;
otro he encontrado
con más riquezas..."

Francisco Pérez Febres-Cordero
guayaquileño; 1934 - 2010