Ya ni siquiera pienso
en el momento triste que te irás.
Sé que es inevitable
y, aunque yo no lo quiera, partirás...
Te alejas, si, y más solo
de lo que piensas tú, me dejarás.
Pero este es mi consuelo:
un día, ¡día de gloria!, volverás.
Francisco Pérez Febres-Cordero
guayaquileño; 1934 - 2010