Indios y aventureros, tal es nuestra prosapia:
lo mismo hay de aborigen que de conquistador.
Acaso es más la sangre que la raza vencida
que hierve en nuestras venas rigiendo de dolor.
Yo soy hispana e india; tengo de león y puma,
de cóndor y paloma, de indómito jaguar
y de
águila altanera que encuentra los espacios
estrechos para su ansia suprema de volar.
Soy india y soy hispana, unas veces sumisa
y otras tan arrogante que no puedo ceder
a nadie
mis derechos. ¡Y mi alma es tan profunda
que nadie la creyera un alma de mujer!
Así eran mis abuelos: caciques y soldados.
Unos en el suplicio supieron sonreír
y los otros quemaron en la playa sus naves,
resueltos en la empresa al triunfo o a morir.
Unas veces nací en Flandes o en Castilla
bajo las férreas lanzas del César imperial;
otras meció mi cuna la selva rumorosa
o el páramo que vela Cotopaxi glacial.
Mezcla de antagonismos, de jefes y vasallos,
hoy en mis trovas músicas de quena y de tambor;
soy india y soy hispana; sé morir sonriendo
y sé dar la existencia por un único amor.
y cuando al fin me vaya, han de partir conmigo
almas de indios caídos en espantosa lid;
y altivas y guerreras de infanzonas que fueron
descendientes directos de Ximena y del Cid
María Piedad Castillo de Leví
guayaquileña; 1888-1962