en la tarde mortecina
contemplando desde lo alto
la majestad de la Ría.
Una cortina de gotas
me impide ver la otra orilla;
es un río vertical
que sobre el Guayas repica
en húmedas campanadas;
y cientotres golondrinas
no están volando: que nadan
entre la lluvia y la brisa.
¡Ay tarde pluvial y gris,
tarde de espera y llovizna!
Yo que siento que se secan
mis fontanas las más íntimas,
de tu sencilla humedad
siento una envidia sencilla.
Hay una lava volcánica,
hay sequedad y ceniza
dentro de mi corazón,
al fondo de mi sonrisa.
Tuve tantas ilusiones
cuando era verde campiña;
soñé con manos fraternas
enlazándose recíprocas;
soñé con un mundo lleno
de fuentes claras y límpidas
donde los seres humanos
codo a codo, risa a risa,
bebieran siempre cantando,
siempre mirando hacia arriba.
Y pasada ,,la mitad
del camino de la vida''
sequedad de pedernales
alma y corazón me lijan
y en mi pluma de hacer versos
ya se marchita la tinta.
Y cuando miro llover
en las tardes mortecinas
en esa lluvia cordial,
en esa fresca llovizna,
quisiera meter el alma
y otra vez sentirla limpia.
1973
Francisco Pérez Febres-Cordero
guayaquileño; 1934 - 2010