LXX

Se ha revestido de esplendor el cielo
con la sonrisa de la luna llena
y la continua luz de los luceros
margina guiños de un millón de estrellas.

En la quietud sagrada en que me encuentro
sólo se escucha en esta playa inmensa
que con voz incansable canta el viento
y en un murmullo el mar la playa besa.

Estoy aquí, la vida percibiendo
y oyendo hablar a la naturaleza;
y una oración ferviente a Dios elevo
agradeciendo haber nacido poeta.

Francisco Pérez Febres-Cordero
guayaquileño; 1934 - 2010