de una aurora de amor, nueva, serena,
pero ya sé, ¡oh dolor!, que en mi sendero
abrojos he de hollar hasta que muera.
Fue tan sólo ilusión, fue sólo un sueño;
el esplendor cubrió una nube negra,
y otra vez reanudé el peregrinaje,
solo en la eterna noche de mi pena.
No invocaré a la muerte; de la vida
no lo he perdido todo en la contienda;
muchos sueños de amor se han esfumado,
¡pero aún mi lira y mi dolor me quedan!
Francisco Pérez Febres-Cordero
guayaquileño; 1934 - 2010