XXVI

Creí mirar el esplendor glorioso
de una aurora de amor, nueva, serena,
pero ya sé, ¡oh dolor!, que en mi sendero
abrojos he de hollar hasta que muera.

Fue tan sólo ilusión, fue sólo un sueño;
el esplendor cubrió una nube negra,
y otra vez reanudé el peregrinaje,
solo en la eterna noche de mi pena.

No invocaré a la muerte; de la vida
no lo he perdido todo en la contienda;
muchos sueños de amor se han esfumado,
¡pero aún mi lira y mi dolor me quedan!

Francisco Pérez Febres-Cordero
guayaquileño; 1934 - 2010