IV

A sus pies, con palabras temblorosas,
lo mucho que la amaba le decía;
y cuando mis palabras repetía
extendióme sus manos cariñosas;

sus bellos labios, coloradas rosas,
convirtieron mi noche en claro día
pronunciando aquel ,,sí'' que yo pedía
con frases incompletas y ansiosas.

Con temor la abracé, poquito a poco,
y a los míos juntó sus labios rojos
y de dicha creí volverme loco...

Un instante pasó en que no vi nada.
Luego, con lentitud, abrí los ojos...
¡y me encontré abrazado a la almohada!

Francisco Pérez Febres-Cordero
guayaquileño; 1934 - 2010