Quedan sólo en mi lira unas perdidas notas
que al desprenderse suenan distantes y remotas.
Y para que no llegue el final muy de prisa
van brotando pausadas como soplo de brisa.
Al oírlas, recuerdo con emoción sincera
el día que la lira tomé por vez primera...
Su voz fue incierta y tosca, mas su recuerdo adoro
¡fue el comienzo de todo lo que es hoy mi tesoro!
Tiene partes de mi alma cada estrofa prendida...
Las leo, y a ver vuelvo instantes de mi vida...
Y recuerdo los nombres ligados a mis poemas...
de quienes en mi vida fueron brillantes gemas
y también sólo sueños... Y el alma estuvo llena
de muy poca alegría y demasiada pena.
Al amor busqué ansioso y quizá fue por eso
que el Amor no llegaba a quedar a mi preso.
¡Cuántas fueron las horas que pasé entristecido
por culpa del desprecio, la traición o el olvido!
Y pensé muchas veces que nunca encontraría
la mujer que sincero cariño me daría.
Y cuando casi había perdido la esperanza
surge un ángel que presto la retorna y afianza.
Y tal vez su cariño borrará con los años
tantas penas amargas y tantos desengaños.
Y mi lira que sólo cantaba amargura
aprenderá canciones de dicha y dulzura.
Francisco Pérez Febres-Cordero
guayaquileño; 1934 - 2010