y mirando sus ojos amor leo,
un hondo bienestar me llena el alma
y me parece que despierto sueño.
Llegó cuando yo menos lo esperaba
y cuando era mayor mi sufrimiento;
el afán de vivir había perdido...
y ella, ¡bendita sea!, me lo ha vuelto.
Tú que lees el fondo de las almas,
Señor, y sabes todos mis anhelos,
¡has que su amor no disminuya nunca!
¡Has nuestro amor eterno!Francisco Pérez Febres-Cordero
guayaquileño; 1934 - 2010