LIII

Después que de tus labios temblorosos
al mismo tiempo esquivos y ansiosos

el beso recibí que perseguía,
en un segundo supe, amada mía,

que es el beso más dulce y placentero
aquel que damos a quien da el primero.

Francisco Pérez Febres-Cordero
guayaquileño; 1934 - 2010