LVIII

Yo no hubiera podido ser un árbol.
Yo no puedo quedarme en la pradera
con los pies fijos mientras a mi lado
cruzan mil aves a cuál más ligera.

Yo no puedo esperar. Y me abalanzo
a hacer las horas más y más veloces
saliendo siempre del Destino al paso
sin escuchar a cautelosas voces.

Yo tengo espíritu de vagabundo
y me aburre admirar sólo un paisaje;
ambulando al azar, sin fijo rumbo,
nunca suspendo largo tiempo el viaje.

Detenerme en un sitio me impacienta
y vivir para siempre yo quisiera,
pues me espanta pensar en esa eterna
quietud allí en la tumba, cuando muera.

Francisco Pérez Febres-Cordero
guayaquileño; 1934 - 2010