XLI

El otro día que te vi en la calle
y, sonriendo, al pasar me saludaste,
por vez primera sólo indiferencia
sentí dentro del alma a contemplarte.

Y después, recordando aquellos días
cuando era verte mi deseo constante,
comprendí que por fin me había librado
del hechizo fatal que en mí dejaste.

Y no lo sentí mucho; pues, ¿qué queda
después de ese seguirte y adorarte?
Versos, tristes recuerdos, y la idea
de que el tiempo perdí en nada importante.


Francisco Pérez Febres-Cordero
guayaquileño; 1934 - 2010