No hay nada que justifique
esta rutina tediosa
a que algunos llaman vida
con un cinismo que asombra.
Puesto en medio de este mundo
sin ser mi opinión pedida,
al menos debieron darme
aliciente en la alegría.
Pero soy cual una barca
dando tumbos en un mar
de hastío y de pesadumbre
sin ver tierra o naufragar.
Ver tierra, un islote ver
con una accesible playa
en donde pueda lograr
felicidad y bonanza.
O naufragar de una vez,
salir de esta incertidumbre
que hace mi vida espantosa,
que hace mi acento más lúgubre.
Quizá es mejor naufragar.
Vivos, sabemos la muerte
va la vida a interrumpir;
mas la muerte es para siempre.
Francisco Pérez Febres-Cordero
guayaquileño; 1934 - 2010