XVII

Una tarde que yo había
más de cuenta bebido,
me recosté, adormecido,
sobre la pública vía;
un rato allí ya tenía
descansando placentero,
cuando un cerdo majadero
acercóse a mi lado,
quizá por estar cansado
se echó, cual en su chiquero.

En rato tan enojoso
un buen anciano pasó,
y tan pronto como vio
aquel cuadro nada hermoso,
dijo en tono sentencioso:
,,Siempre por la compañía
sabrán tu categoría..."
Y el animal, oyendo esto,
se levantó y se fue presto
por donde venido había.


Francisco Pérez Febres-Cordero
guayaquileño; 1934 - 2010