Amo la noche silenciosa
que a meditar invita:
amo la estrella que en el firmamento
solitaria titila;
amo los cantos nunca repetidos
que murmura la brisa
cuando al soplar sutil la foresta
los árboles agita;
amo las claras gotas de rocío
que cuando nace el día
en los pétalos suaves de las flores
como diamantes brillan;
amo el murmullo de la fuente clara
en la verde campiña;
amo los trinos que modula el ave
al despuntar el día;
amo la mar cuando con suaves olas
besa la playa fría
o los acantilados estremece
en furiosa embestida;
amo el torrente que en cascada turbia
entre peñas se agita;
la tempestad cuando rugiendo pasa
y en rayos se ilumina;
amo las flores de lujosos pétalos
y las flores marchitas:
la silenciosa cruz del cementerio
que en la sombra vigila;
amo lo misterioso, lo sublime;
lo que a pensar me incita
en cosas enigmáticas, solemnes,
en la muerte o la vida;
amo cantar a todo lo que amo;
y por eso mi dicha
sólo es completa cuando puedo estar
a solas con mi lira.
Francisco Pérez Febres-Cordero
guayaquileño; 1934 - 2010