Yo que creí que ya no me traerían
los ojos de una hermosa más desvelos;
yo que creí que nunca otra sonrisa
ahuyentaría de mi mente el sueño;
yo que creí que nunca sentiría
de nuevo esta opresión dentro del pecho
que me obliga las horas en vigilia
a pesar, tan sólo haciendo versos...
estuve tanto tiempo contemplando
las manos del reloj dar vueltas lentas
al par que en el papel iba mi mano
trazando líneas y formando poemas
(la luna sonreía, mientras tanto),
¡que sé de amor en mí ya hay llamas nuevas!
Francisco Pérez Febres-Cordero
guayaquileño; 1934 - 2010