XXXIX

¿Por qué las flechas de Cupido alado
mi corazón no hieren?
Lo rozan sólo, y esas rozaduras
cicatrizan en breve.

Quisiera conocer el dolor dulce
del desangrar perenne
que una herida de amor ancha, profunda,
causa al que la posee.

Y amar a una mujer, y ser amado
por ella tiernamente,
y que aquel mutuo amor, siempre aumentando,
durara eternamente.

Francisco Pérez Febres-Cordero
guayaquileño; 1934 - 2010