Tú quieres que el amor que nos inflama
trasponiendo los lindes de la idea
y el azul de los sueños, vuelva llama
nuestra carne que se abre en roja tea.
Y quieres que la voz que nos reclama
fusionarnos al fuego que arde y crea,
en lo breve
del tiempo sea proclama
y estertor en lo eterno solo sea.
Si el querernos sin puerto ni mañana
ha de llevarse mis mejores galas,
mi castillo de luz y mi fontana…
haré del corazón una peana
para exhibir la muerte de las alas.
¡De las alas de amor de una espartana!
María Eugenia Puig; 1919-2001
guayaquileña