Ya todos mis ensueños, como flores marchitas
de un jardín otoñal, se han ido deshojando;
y añorando el ayer y sus horas benditas,
me aduermo en el regazo de su silencio blando…
Me perderé en la ruta de los sueños banales
como una juglaresa que derrocha el tesoro
de sus canciones buenas empapadas de lloro
y que nadie comprende y se ahoga en sus males.
Sin piedad, sin amor, con extraña amargura
seguiré por la senda que el hierático Arcano
me señale con fiera y sarcástica mano.
Y desechando todo falso consuelo humano,
espero sólo el beso de paz y dulzura
que ha de darme en silencio la Madrina Locura.
Isabelle de Villars (Laura Borja)
quiteña