Sonata en lamento sostenido

Un tiempo me creí buen navegante.
Ahora, voy inseguro de mi rumbo:
otra estrella me marca un norte herido.
No puedo dar la vuelta, sin embargo,
ni negar mi bitácora
ni abandonar la nave
tanto tiempo en la ruta mantenida.

En ti el amor-dolor he conocido,
volcán en mis entrañas,
vendaval que desgarra mis sentidos.
Orden de mi desorden.
Noveno mandamiento destrozado
noventa veces nueve.
Eco del eco de mi azul gemido
(voz-suspiro febril que grita «¡te amo!»,
no pudiendo decirlo).

Autor desconocido, quizás Francisco Pérez Febres-Cordero