Sabina… ya no estás, porque la Nada
introdujo su vidrio en tu retina
dando un vuelo eternal a tu mirada
que se clava en mi pecho como espina…
Afuera, todo igual. Pero hay en cada
emanación mental que te adivina,
una onda estremecida y enlutada
que me hará recordarte en cada esquina.
Fatigado el recuerdo en tu figura
de paciente mujer con visos de hada,
me parece tu muerte, sólo pura
pesadilla o invento o mala broma…
Cuando el alma solloza, acongojada,
un ingenuo consuelo siempre asoma…
Franklin Pérez Castro
guayaquileño