A Francisco Illescas Ycaza
La voz de la Noche pasó por mi puerta
y en vago murmullo me dijo: despierta,
ven, que ya es tu hora de meditación;
para que te acojas al silencio leve
y tu sentimiento, con unción, abreve
en la fuente viva de tu corazón.
La voz misteriosa me llevó en sus alas,
la noche tranquila, con todas sus galas
de luna y estrellas, la sentí vibrar;
toda la campiña, en sopor, dormía
y cual hostia santa, la luna emergía
del confín remoto e incierto del mar.
En ritmo armonioso cruzamos el cielo:
atrás ibas sombras de pasado anhelo
y tras el destino iba mi ansiedad;
la voz de la Noche resonó en el viento,
tembló lo impalpable y sentí en su aliento
la sed de infinito de la inmensidad.
Petrópolis, Salinas, 1951
Rosa Borja Febres - Cordero de Ycaza
guayaquileña; 1889-1964