Rostro mío, ahora abstracto,
me sorprendiste en el espejo
cuando tú me rompiste el pacto
de al fin mostrarme en mi reflejo
las canas que yo jamás tendría
y en mi faz las marcas del trayecto
que alguna vez yo recorrería
pueril en busca de mis afectos.

Empiezo a caminar cuesta abajo
sin haber yo encontrado nada;
sin haber terminado el trabajo
y sin haber soltado la espada.
¿Encontraré un día el hada
en este constante resquebrajo?

Jorge Luis Pérez Armijos
guayaquileño; 1987 -