Resignación

Yo no ahogarás en suspiros a la almohada.
Ya no vendrás a arrebatar mi sueño;
dentro de mi rima, de ti no queda nada
y yo tu pensamiento ya no pueblo.

Ya no estará tu nombre en mis delirios
ni mi rima de ti estará al acecho;
ya no estarán tus ojos encendidos
avivando fogatas en mi pecho.

Ya no remendaré con los recuerdos
nuestras horas de ayer, que son de olvido,
no pugnará en el alma algo que ha muerto.

Para mí tu partida no es martirio
porque en el pecho, que de amor fue huerto,
ya la resignación ha florecido.

Antonio Preciado Bedoya
esmeraldeño; 1941

Preguntas

En los hombros llevamos, tristemente,
este peso tremendo, esta amargura
de arrastrar nuestro sino, humildemente,
con su fardo repleto de ternura.

Y esta actitud hostil que nos obliga
a doblegar la frente sin alzarla,
con un cansancio cruel que nos hostiga
y nos lanza, febril, a levantarla.

¿Hasta cuándo vivir, si estos días
se nos tira un mendrugo que no alcanza
ni a iluminar las cámaras umbrías?

Hasta cuándo este yugo nos impele
con las manos vacías de esperanza
sin que nada ni nadie nos rebele.

Carmen Acevedo Vega
guayaquileña

Convicción

A cada golpe que te dé la suerte
responde con un gesto de desprecio.
Sé como el yunque si te hieren: fuerte:
Sé como el mazo si tu hieres: recio.

No supliques jamás, nunca tu boca
conozca de la plática que humilla.
Sé para el odio de los torpes, roca.
Sé para el mar de la injusticia, quilla.

Con sereno ademán, con entereza,
al peso del dolor nunca postrado,
de tu credo de amor y belleza.

Ante Dios y tus padres, solamente,
fervoroso y humilde, arrodillado,
en sublime actitud baja la frente.

Luis Espinosa Martinez
portovejense

Sonatinas

I

¿Anhelas ver el hosco misterio que me enturbia?
Pues, sube a mi luciendo silencio y paz de claustro.
Aunque si no has soñado más que cosas posibles,
bien poco ha de valerte despetalar lo abstracto.

Yo soy un cielo trágico oscuro a lente y sonda.
No intentes entenderme... no quiero hacerte daño.
¡Mejor rimemos la hora con la ignara inocencia,
igual que el angelito guardián de nuestros pasos!


II

Llevo abiertas las llagas del dolor cotidiano,
difundiendo ese verso sembrador de acritudes,
como aquel loco hereje que al gustar lo malsano
fue arrojando sofismos que estrangulan virtudes.

Y zozobro en parajes donde el crápula impera,
desahuciado por todos y escribiendo congojas:
pues allá en el Averno -- donde nadie me espera --
mi difunta esperanza yergue su árbol sin hojas!

Alfonso Baquerizo Peñaherrera
guayaquileño

Cada día que pasa

Cada día que pasa para mí es de ventura
porque voy acercándome a la meta ideal:
me aproximo al instante de arrojar la envoltura
inútil, terrenal...

Cada día que pasa mi visión es más pura...
y se aviva mi vieja sed de lo inmaterial
y percibo más clara la infinita dulzura
de la voz Paternal...

Por eso cada día que pasa es de alegría
porque voy acercándome a la sabiduría
cual se acerca el cordero al pastor.

¡Quien pudiera lograr que el tiempo acelerara
y en el Puerto Celeste mi barca hoy mismo aclara
para estar ya besando las plantas del Señor!

Pedro Enrique Ribadeneira
guayaquileño