Es suspirar y verte--
no sé qué me has hecho.
Sal pronto de mi mente.
Aún no me despido
de tu recuerdo, creo que
me tienes distraído.
Tú, tanto tú me gustas
y tanto todo de ti que
ni sé qué más me gusta.
Se te olvidó guardar
al fondo de mi maleta
un par de besos más.
Te he echado en falta al irme
con tanta intensidad
que es mejor que me olvides.
Delray, 23 de mayo de 2013
Jorge Luis Pérez
guayaquileño; 1987 -
compilación de poemas de ecuatorianos
de la carpeta del poeta guayaquileño Francisco Pérez Febres-Cordero
Descansa en paz, Arafat
¡Abú ammar, abú ammar;
desde hoy descansas en paz ¿...?
en la Muqata: Arafat!
Morada y cuartel final
que, el sionista criminal;
¡vil usurpador territorial!,
te impuso como hábitat!
Hoy, al extrañarte de Jerusalén...
Seis mil años de historia, borrar quiere
el judío cruel; Caín que interfiere
tu sempiterno yacer...
¡martirizado, Abel!
Cegatón, aquel fariseo;
cómo al Jesús de Belén:
¡llama votiva, ícono del pueblo,
hizo de ti, otra vez!
¡al negarte, sea Jerusalén
la que cobije tu sueño eterno!
Los sionistas:
Expulsados del Edén
esclavizados en Egipto;
por todo el mundo proscritos
desde el ,,éxodo'' aquel;
siendo nación sin ,,estado''
de la noche a la mañana...
¡el Yankee, a la O.N.U. ordena
y... obsecuentes los aliados...
que en tierras palestinas
se radiquen los Judíos;
y... el diplomático bobrio
desde entonces pertinaz:
¡palestinos asesina!
Hoy, el imperio genocida
con tecnología demencial,
al sionista criminal
garantiza impunidad...
¡y ni Yahvé ni Alá...
de ese pueblo tiene piedad!
Abú ammar, Abú ammar:
descansa en Muqata ¿...?
Hermano Yasser Arafat,
hasta que en Jerusalén,
--con sangre o diplomacia
libertad su mitad--
allí, tus cenizas sin par:
¡para siempre tengan paz!
Durán, 12 de noviembre de 2004
Miguel Ortega Calderón
guayaquileño; 1943
Nota del compilador: Las opiniones vertidas en este verso suelto son del autor y no los comparto.
desde hoy descansas en paz ¿...?
en la Muqata: Arafat!
Morada y cuartel final
que, el sionista criminal;
¡vil usurpador territorial!,
te impuso como hábitat!
Hoy, al extrañarte de Jerusalén...
Seis mil años de historia, borrar quiere
el judío cruel; Caín que interfiere
tu sempiterno yacer...
¡martirizado, Abel!
Cegatón, aquel fariseo;
cómo al Jesús de Belén:
¡llama votiva, ícono del pueblo,
hizo de ti, otra vez!
¡al negarte, sea Jerusalén
la que cobije tu sueño eterno!
Los sionistas:
Expulsados del Edén
esclavizados en Egipto;
por todo el mundo proscritos
desde el ,,éxodo'' aquel;
siendo nación sin ,,estado''
de la noche a la mañana...
¡el Yankee, a la O.N.U. ordena
y... obsecuentes los aliados...
que en tierras palestinas
se radiquen los Judíos;
y... el diplomático bobrio
desde entonces pertinaz:
¡palestinos asesina!
Hoy, el imperio genocida
con tecnología demencial,
al sionista criminal
garantiza impunidad...
¡y ni Yahvé ni Alá...
de ese pueblo tiene piedad!
Abú ammar, Abú ammar:
descansa en Muqata ¿...?
Hermano Yasser Arafat,
hasta que en Jerusalén,
--con sangre o diplomacia
libertad su mitad--
allí, tus cenizas sin par:
¡para siempre tengan paz!
Durán, 12 de noviembre de 2004
Miguel Ortega Calderón
guayaquileño; 1943
Nota del compilador: Las opiniones vertidas en este verso suelto son del autor y no los comparto.
Evaluación y exigencia
¡Libre! ¿Acaso, he sido
libre? ...¡Desde siempre, libre
me he sentido! Para hacer:
¡de mi vida lo posible!
Auténticos y vertical;
sin influencias ni tutelas...
¡observando los valores
inculcados por mi abuela!
Libre, sí, para soñar
y tomar mis decisiones,
acorde con mi conciencia
moral, y principios nobles.
¡Bregando por ser yo mismo!
Sin dejarme estereotipar
ni parecerme a nadie:
¡he afirmado mi identidad!
Siendo el único reactor
de mi desgracia o gloria;
seré: ¡el protagonista,
lúcido, de mi historia!
Y, aunque, llegando el final,
mis logros sean muy modestos,
al sepulcro bajaré:
¡alta la cerviz, y, enhiesto!
Sin someterme a secta,
¡ideología o religión!;
agnóstico e iconoclasta:
¡la naturaleza es mi Dios!
Sin veleidades consumistas,
de alienado feligrés
--con pujos capitalistas--
a liturgias esclavizados...
Como último cumplido:
¡A mis hijos, les exijo, me cremen!
Cuando me muera. ¡Sólo ,,eso'' os pido!
Ni sarcófagos ni tumba;
ni misas de aniversarios;
sin referente alguna,
las visitas de compromiso,
¡ya!, no serán necesario:
,,en vida, hijos, en vida''!
Mis reliquias funerarias
de evolución marineras:
exigen un reposo oceánico
en el lecho, primigenio!
Mis cenizas, ¡ya! en la mar
se seno abisal, acogerán:
¡al ,,fin''... en su cuna ancestral,
para siempre, descansarán!
Durán, 27 de febrero de 2006
Miguel Ortega Calderón
guayaquileño; 1943 -
Amor fino:
¡Cretinos ignorantes,
con gran desatino,
dicen admirarte!
Y, con décimas
y coplas,
a menudo
de mal gusto;
¡Afirman:
rendirte culto!
y cual búmeran;
lo de ellos,
para ti:
¡es un insulto!
Es un insulto
porque estos burricos,
como incultos asnos,
no habrá dentre ellos...
naíden que los de-sasne.
Durán, 21 de noviembre de 2012
Miguel Ortega Calderón
guayaquileño; 1943
con gran desatino,
dicen admirarte!
Y, con décimas
y coplas,
a menudo
de mal gusto;
¡Afirman:
rendirte culto!
y cual búmeran;
lo de ellos,
para ti:
¡es un insulto!
Es un insulto
porque estos burricos,
como incultos asnos,
no habrá dentre ellos...
naíden que los de-sasne.
Durán, 21 de noviembre de 2012
Miguel Ortega Calderón
guayaquileño; 1943
Añorándote: Olga Gallegos Restrepo
Exactamente han pasado
veinte años, Olga Lidia.
Ya sabes... no fue desidia
lo que nos ha separado.
Fue el deseo imperativo
de ver crecer nuestros hijos,
el único, real motivo:
¡ilusión que nos alejó!
Yo no sé... Si por tu lado
el sacrificio valió;
¡la vida a mí me apaleó,
y sólo... me he quedado...
Hoy ya estoy divorciado;
mis hijos viven sus vidas
muy discretas y ordenados,
¡aún no se han casado!
Habitamos en ciudades
muy cercanas, ¿puedes creer?
¡No es suficiente el querer!
A pesar de mis saudades...
Pues, sufrí sólo por ellos...
No pensé en mi futuro;
y, sin importar lo duro...
¡no reniego de aquello!
Tarde en la vida comprendí...
que no se puede pretender
todo lo deseado tener:
¡por eso, así lo decidí!
Te alejé de mi lado
sin olvidarme de ti...
¡te extrañé a Medellín,
y me quedé desolado!
¡Hubiera sido distinto
si te hubiera seguido!
Pero fui un testarudo
¡hoy cuánto lo lamento!
Si me iba a vivir contigo
sólo dejaba a mis hijos.
Si hubiere estado lejos...
habría sido un gran castigo.
Eso era un dilema...
Establecí otro hogar
muy cercano a su morar
¡fue para mí un paradigma!
Pasado han diez y siete años
desde aquel día aciago.
En que el golpe enemigo...
¡zas, anuló nuestros sueños!
Mil novecientos ochenta
y tres... día quince de julio:
una llamada de auxilio...
¡se declaró la tormenta!
Mi amada vieja: ¡mi abuela!
muy grave me reclamaba:
había que volar a verla
¡la urgencia nos distanciaba!
Y desde entonces hasta hoy.
No te he podido ver;
de mí no has vuelto a saber...
Y no sabrás como estoy...
La distancia y la guerrilla,
desde ya, son obstáculo;
la crisis, otra malilla:
¡me impide hacer cálculos!
Saber de ti me conviene
y se me antoja a veces...
¡Qué bien valen los reveses,
pues, nada aquí me retiene...!
Desde el momento aquél
que el azar del destino
con acierto o desatino
¡unió a Olga y Miguel!
¡Amándonos convivimos!,
y como almas gemelas
en las buenas y en las malas:
¡la vida valió lo mismo!
Tres años amantes fuimos...
y ese tiempo fue de encantos;
no hubo lágrimas ni llantos;
¡felicidad disfrutamos!
Diez y siete años después
con la frescura de ayer...
¡tu aroma de mujer
lo evoco con calidez!
Olga Lidia: alma ausente...
¡amor, veinte años después;
viva o muerta no lo sé!;
¡Aquí, te tengo presente!
Siempre el recuerdo pervive
como símbolo sagrado
de ese amor sentido...
¡perennemente proclive...!
A ¡ignorar lo prohibido!
Sin perder la ilusión;
amándonos con pasión...
libérrimos; sin candados!
Con discreción y tino;
sin culpas por ser casados,
disfrutamos lo gozado;
¡nuestros encuentros fueron trinos!
¡Y ostento con orgullo,
como único pendón,
bruñido escudo y blasón...
de mis amores: el tuyo!
Que con el pasar del tiempo,
convertido en meta y norte
de mi bregar permanente:
¡Olga Gallego Restrepo!,
sin ser mi afecto un apego:
ni ser mi amor: ¡adictivo!
volcado a su culto vivo...
¡Por se mi único amigo!
Sabiendo que del futuro...
el diablo siempre convino:
¡envilecer lo divino,
nada tendré por seguro!
Y el muro descomunal
¡interpuesto en nuestras vidas!
Como pena: ¡desmedida!
Como castigo: ¡abismal!...
Si estás viva todavía...
y no te has vuelto a casar;
¡nos volveremos a amar:
lo que nos quede de vida...!
Durán, 4 de julio de 2000
veinte años, Olga Lidia.
Ya sabes... no fue desidia
lo que nos ha separado.
Fue el deseo imperativo
de ver crecer nuestros hijos,
el único, real motivo:
¡ilusión que nos alejó!
Yo no sé... Si por tu lado
el sacrificio valió;
¡la vida a mí me apaleó,
y sólo... me he quedado...
Hoy ya estoy divorciado;
mis hijos viven sus vidas
muy discretas y ordenados,
¡aún no se han casado!
Habitamos en ciudades
muy cercanas, ¿puedes creer?
¡No es suficiente el querer!
A pesar de mis saudades...
Pues, sufrí sólo por ellos...
No pensé en mi futuro;
y, sin importar lo duro...
¡no reniego de aquello!
Tarde en la vida comprendí...
que no se puede pretender
todo lo deseado tener:
¡por eso, así lo decidí!
Te alejé de mi lado
sin olvidarme de ti...
¡te extrañé a Medellín,
y me quedé desolado!
¡Hubiera sido distinto
si te hubiera seguido!
Pero fui un testarudo
¡hoy cuánto lo lamento!
Si me iba a vivir contigo
sólo dejaba a mis hijos.
Si hubiere estado lejos...
habría sido un gran castigo.
Eso era un dilema...
Establecí otro hogar
muy cercano a su morar
¡fue para mí un paradigma!
Pasado han diez y siete años
desde aquel día aciago.
En que el golpe enemigo...
¡zas, anuló nuestros sueños!
Mil novecientos ochenta
y tres... día quince de julio:
una llamada de auxilio...
¡se declaró la tormenta!
Mi amada vieja: ¡mi abuela!
muy grave me reclamaba:
había que volar a verla
¡la urgencia nos distanciaba!
Y desde entonces hasta hoy.
No te he podido ver;
de mí no has vuelto a saber...
Y no sabrás como estoy...
La distancia y la guerrilla,
desde ya, son obstáculo;
la crisis, otra malilla:
¡me impide hacer cálculos!
Saber de ti me conviene
y se me antoja a veces...
¡Qué bien valen los reveses,
pues, nada aquí me retiene...!
Desde el momento aquél
que el azar del destino
con acierto o desatino
¡unió a Olga y Miguel!
¡Amándonos convivimos!,
y como almas gemelas
en las buenas y en las malas:
¡la vida valió lo mismo!
Tres años amantes fuimos...
y ese tiempo fue de encantos;
no hubo lágrimas ni llantos;
¡felicidad disfrutamos!
Diez y siete años después
con la frescura de ayer...
¡tu aroma de mujer
lo evoco con calidez!
Olga Lidia: alma ausente...
¡amor, veinte años después;
viva o muerta no lo sé!;
¡Aquí, te tengo presente!
Siempre el recuerdo pervive
como símbolo sagrado
de ese amor sentido...
¡perennemente proclive...!
A ¡ignorar lo prohibido!
Sin perder la ilusión;
amándonos con pasión...
libérrimos; sin candados!
Con discreción y tino;
sin culpas por ser casados,
disfrutamos lo gozado;
¡nuestros encuentros fueron trinos!
¡Y ostento con orgullo,
como único pendón,
bruñido escudo y blasón...
de mis amores: el tuyo!
Que con el pasar del tiempo,
convertido en meta y norte
de mi bregar permanente:
¡Olga Gallego Restrepo!,
sin ser mi afecto un apego:
ni ser mi amor: ¡adictivo!
volcado a su culto vivo...
¡Por se mi único amigo!
Sabiendo que del futuro...
el diablo siempre convino:
¡envilecer lo divino,
nada tendré por seguro!
Y el muro descomunal
¡interpuesto en nuestras vidas!
Como pena: ¡desmedida!
Como castigo: ¡abismal!...
Si estás viva todavía...
y no te has vuelto a casar;
¡nos volveremos a amar:
lo que nos quede de vida...!
Durán, 4 de julio de 2000
Miguel Ortega Calderón
guayaquileño; 1943 -
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