Rostro de los días

Historia n. 1

Una vez
un pescador
se fue tajando el viento;
tiró la red,
la recogió vacía;
en tanto ensangrentado el sol
con todo el peso
de su cuerpo
se arrimaba en la tarde.
De pronto,
el mar
comenzó a sacudirse
como animal mojado,
el pescador cayó
en brazos de las algas,
en la espina de un pez
se fue su corazón
—aguas abajo—
y en la porosa playa
ese día encontraron
un pedazo de sal
semejante a una lágrima.


I
Los días, para mí,
tienen cara larga;
urgen bajo la piel,
suben las gradas,
burlonamente atisban
por el ojo del tuerto;
huelen a jaula grande,
a horarios;
dan vueltas y más vueltas
como un disco rayado.

En cambio
cuando me lavo el alma
yo me pierdo en los días
como gusano al centro de un durazno,
con trozos de cartón
remiendo los zapatos
y me lanzo a gritar en media calle:
que devuelvan el pan
que es para todos,
que devuelvan el sol,
que devuelvan los muertos
y que salgamos a matar al llanto.
Pero otras veces
cuando los huesos hablan
no hay nada que me salve:
entrecruzo los brazos
y me dejo morir
puesto de espaldas.


Abril 32

Comienza el día
con una mala palabra en las paredes.
Da lo mismo decir: abril, o viernes;
los pasos se desgastan en las piedras
y hasta troncharse a tierra
madura el esqueleto.

Las puertas
paren sombras,
rostros iguales,
dientes;
se enferma el zapatero
de golpear en la suela
pero el pan no contesta.
Tiradas en la calle
desocupadas manos se resecan.
Sin que lo impida nadie
el sol se vuelve viejo.
Anochecen las vísceras,
la tos,
la piel quemada
y el día se confunde
en el tumulto de la gente.


Otra vez abril

Detrás de estas palabras
en forma inverosímil
la soledad se alarga;
brota desde nosotros
un río desolado,
ahogados a medias
nos arrastra;
pero los lunes tardem
sin poder contenerse,
tus manos me buscan llorando
y estará solamente
la aldaba de tu cuarto
y una áspera sustancia
manchando tu cansancio.

Después
hasta aplastarnos
irán cayendo fechas,
asomarán borrones
en el papel de tu alma;
otro dolor habrá,
habrá otras ciudades,
te morderán la piel
los ojos de otros hombres.

Detrás de estas palabras
tu recuerdo me llama
como si fuese un niño
con los brazos cortados.


Agosto y el viento

Viento precipitado
viento con uñas,
viento que nos soplaste
como a papeles muertos de palabras,
como a grises hilachas.
Me cuentas los labriegos
que en la comarca
arrasas los maizales,
que estrellas contra el suelo
los tejados
y empujas hasta el cerro
el sobresalto.
Que ya no eres el mismo,
ni en agosto los niños
en tu cabeza cuelgan las cometas.

Cómplice destructor,
viento con garras;
desde hace muchas lágrimas
por culpa de unos hombres
el campo es una llaga.
Viento
¡pero con rabia!
si pudiera amarrarte
para que no me hagas daño.


Martes

No sé
cómo empezar,
cómo hablar de tu miel
con esta voz amarga,
cómo decir que estás,
cómo allegarte
y si faltara aún
este trece de mayo
no sirven las palabras.

En vano
doy las vueltas,
te recalco;
entre mis cosas
busco una guitarra.
Me encamino hacia a ti
y en la garganta
el paso está cerrado.

En el plano inclinado de los días
la tarde se resbala.
Yo me quedo a la puerta de tu nombre,
me basta con saber
que inauguras el alba.


Miércoles

En las letras no encajas
ni cabes en retratos,
para llegar a ti
quedan cortos los viajes,
eres tú, simplemente,
sin nada que agregarte.
Algo como el océano
en tus ojos atrae
y una especie de nudo
te sujeta a mi sangre.
Eres tú
y eso basta.
Alrededor quema la vida
hasta carbonizar los sueños.
Dentro de ti
comienza la esperanza,
fuera de ti se acaba.


Jueves

Dejo de par en par abierta
tu ternura,
entro a tu piel,
te llamo
y desde el fondo tuyo
contestan las manzanas.
A ratos, se cruza la ciudad
con sus portales
y un muro de mendigos
encarcela a la tarde.
Al remontar tu cuello
a modo de sendero
hay un júbilo largo,
voy corriendo por él
hasta caer cansado.
Tengo viva sed
y de tu cuerpo
se está regando el agua.


Viernes

Sinceramente,
me dan ganas de quedarme,
de quemar la maleta
y los pasajes,
de parar una casa
al pie de tu alma
y sembrarme
en la tierra de tus brazos.
Pero le tienen amarrada
a la alegría
y nos ponen la muerte
a cada paso;
primero hay que tumbar
las puertas de la noche
para que en una esquina de la aurora
volvamos a encontrarnos.


Trece, de cualquier mes

Pasan las horas
ineludiblemente,
pasa la primavera
ahogándose en pétalos,
la luna pasa
sin tocar el suelo.
Se queda el barrio
como un gris sedimento
entre las piedras.
Se queda el carpintero
peleando con el hambre
cuerpo a cuerpo.
Queda la lluvia
masticando las tejas,
el frío insiste
en traspasar las brechas.
Quedan los charcos
como lágrimas
en el rostro de la tierra.


Julio 2

Era
como si te estuvieses ahogando
y yo no supiese nadar.
Desde entonces me digo:
estoy de sobra,
para qué continuar ocupando
las quincenas,
los buses,
las cucharas;
para qué despertarme las mañanas
pegado a esta esperanza
con más vidas que un gato,
para qué tus caderas
alborotando al barrio;
los gritos para qué,
si nos sirven
de nada las palabras;
para qué los caminos
estando acorralado.
Los pies,
las manos, para qué
si hasta acabarte toda
te hundiste en mi delante.


Siete de junio

Siete de junio,
ni más ni menos,
junio siete;
junio con cara de junio,
con el sabor de junio,
con el color de junio.
Un día repetido
como otros tantos días.
Las cosas otra vez
en el acostumbrado sitio
y los dedos en número de cinco.
De nuevo Yo
con un hueso de luz
entre mis huesos
y una sangre incendiada
entre mi sangre.
Siete de junio,
al revés o al derecho
junio siete:
un día nada más
lleno de nada.


Historia n. 7

Yo le llamaba Linda
y el nombre le quedaba
como vestido flojo.
Sus ojos
no tenían importancia,
su boca
no era más que  una boca
y acostumbraba a recopilar retratos
como todos.
Empero
el dolor le dolía de otro modo.
Frente a la soledad
era su soledad más sola
y sus palabras
entraban al oído
como avispas quemantes.
Puesta junto al océano
tenía algo de nave.
Por coincidencia extraña
—como a mí—
le gustaban los viajes,
por eso aquella tarde
terminó envenenándose.


Primer premio en el Ismael Pérez Pazmiño de 1961

Euler R. Granda
riobambeño; 1935 - 2018