En memoria de la paternal
presencia de Enrique Azúa Correa
Hubo una vez un hombre que fue tal vez un santo
que vino a demostrarnos que existe la bondad.
Que a las cosas triviales las llenaba de encanto
y sembraba sonrisas y amaba la verdad.
Hubo una vez un hombre que era tan bueno... tanto
que había en su mirada nazarena piedad.
Su alma era un refugio para todo quebranto
y su vida una entrega hacia la humanidad.
Ejemplar, bella, fértil, útil fue su existencia.
Nos faltó tiempo para escuchar en su voz
más hermosos consejos y nutrir la conciencia
del efluvio virtuoso que iba dejando en pos.
Nos hacía más buenos sólo con su presencia.
Hubo una vez un hombre. Hoy está junto a Dios.
15 de febrero de 1973
Francisco Pérez Febres-Cordero
guayaquileño; 1934 - 2010