en las tumbas de María
Dolores y mis abuelos.
Aunque cuando yo me muera
nada de aquello quisiera,
traicionando mis anhelos
cumplí mi ritual hoy día.
¿Qué nos impele a creer
que de algo vale poner
flores en tumbas queridas?
Quizá queremos pensar
que podemos aliviar
viejas o nuevas heridas.
O tal vez nuestra conciencia
nos va hiriendo sin clemencia
y así queremos hacer
ante las almas benditas
confesión de nuestras cuitas....
Y allí en la calma profunda
del cementerio, errabunda
nuestra alma busca consuelo.
Sentimos cercano el cielo.
Vine a repetir el rito.
(De aquellos seres que fueron
de algún modo necesito.)
Ellos su misión cumplieron.
(Quizás al morir más nos dieron.)
No lo sé. Rezo y medito.
21 de noviembre de 1969
Francisco Pérez Febres-Cordero
guayaquileño; 1934 - 2010