Me dices que yo ya no soy el mismo
de hace siete años;
que me he tornado hosco,
me he vuelto más callado;
que suelo regañar por pequeñeces
y ando siempre con gesto preocupado.
Tienes razón. El tiempo
no ha transcurrido en vano.
Entonces, mi tristeza
no había madurado.
Creía que la mía era la única
y era sordo al clamor de mis hermanos.
Aún no era responsable de tres vidas
que he puesto de este mundo medio el tráfago.
Y todo esto, lo admito
me ha tornado más hosco y más callado.
Pero tú, en la tormenta
arcoiris tan ansiado,
tienes la medicina
que cura, aunque sea sólo un rato:
porque después, de nuevo me someten
preocupaciones y problemas tantos.
¿Cuál es? Sencillamente
una sonrisa de tus frescos labios,
un beso cariñoso,
un fuerte y largo abrazo:
y ya verás que dejo de ser hosco
y hablaré sin parar cuánto te amo!
Febrero de 1969
Francisco Pérez Febres-Cordero
guayaquileño; 1934 - 2010