Sé que nunca seré más que tu amigo
y sin embargo siempre pienso en ti;
tú nunca sabrás, porque y nunca
este secreto alejaré de mí.
Partimos por caminos diferentes;
tú me dijiste, al despedirme, adiós.
Mas, sabiendo que siempre te vería
entre mis sueños, nada dije yo...
Hoy, mi único placer está en tus cartas
y mi ansiedad mayor en esperar
el papel que tu mano delicada
llenó, quizá sin ganas de llenar.
Y al responderte, ¡cómo entre mis dedos
tiembla la pluma, porque al escribir
debo callar (silencio que me mata)
todo lo que en verdad quiero decir!
Francisco Pérez Febres-Cordero
guayaquileño; 1934 - 2010