XXXI

Cual rocío que en la madrigada
cae suave sobre el cáliz de la flor,
llegó a mi vida, delicada y fresca,
pródiga en besos y jurando amor.

Y un día, como todos triste y frío,
en los brazos de otro hombre alguien la vio.
Su infamia y su perfidia a lo más hondo
del abatido pecho me llegó.

¡No llames a mi puerta más, Cupido!
¡Ya no es fácil hallar amor en mí!
¿Mujeres?... ¡Sólo para entretenerme!
¡No daré más de lo que recibí!

Francisco Pérez Febres-Cordero
guayaquileño; 1934 - 2010