Mirar tus ojos… y saber por ellos
que eres Madre de Dios y madre mía
y que cielos tan límpidos y bellos
se nublaron con lágrimas un día…
Espejos de mi fe son tus pupilas.
Regalo del Señor son tus miradas…
¡Hogar de Nazareth por lo tranquilas
y Cruz de rendición por lo sagradas!
¡Inefable quietud de mi embeleso!
¡Divina red para el humilde preso!
¡Eternidad suspensa en oración!…
¡Quién pudiera a tus pies quedar de hinojos…
y en la misericordia de tus ojos
ir alzando contrito el corazón…!
José María Egas
mantense; 1896-1982