Le dije adiós…¡y ni me oyó siquiera!
Conformarse… ¡qué hacer!… es el destino.
Su amor fue una ilusión de primavera
en la yerma aridez de mi camino.
¡Quién sabe los milagros de la suerte!
Yo he de pedir al cielo por los dos;
y tal vez en el reino de la Muerte
nos uniremos al llegar a Dios.
María Teresa Jaramillo (Tella)
quiteña