Hermana tristeza, de sombra y desvelo,
que en las negras horas de mi desconsuelo
vigilante velas al pie de mi cruz,
cuando mis plegarias se vuelven delirio
cuando toda mi alma, cual flor de martirio,
se agoste en angustia, sin vida y sin luz.
Hermana tristeza, ya ves qué cansada,
tras de largos días de dura jornada
me encuentras en
claustros de desolación;
busco un lenitivo para mis dolores,
el piadoso olvido de mis sinsabores,
como el milagro de resurrección.
Hermana Tristeza, tu fúnebre canto
ni me da consuelo, ni enjuga mi llanto;
tú me quitas vida y eclipsas la luz.
Eres la sirena de un trágico sino,
hermana Tristeza, sigue tu camino
a velar doliente al pie de otra cruz.
Rosa Borja Febres - Cordero de Ycaza
guayaquileña; 1889-1964