Penitencia

Aguda punta de asesina espada;
arma implacable de letal tortura;
certeramente al corazón lanzada
por mano innoble que el dolor procura.

Nada fue igual de mi existencia dura
cual ese arranque de fiereza airada,
que me atraviesa el pecho, despiadada,
y aniquilarme busca en su locura.

Pero en el plano del estoico anhelo,
en que mi alma se ensaya para el vuelo,
todo lo arrostro con mi penitencia.

¡Noble pasividad del alma mía!
que a cada herida su confianza fía
la firme libertad de mi conciencia.

Rosa Borja Febres - Cordero de Ycaza
guayaquileña; 1889-1964